Relato

Renacer

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Un enemigo invisible recorría el mundo declarándole la guerra, sin armas, pero con astucia, acechando impaciente, golpeando sin avisar. Mientras tanto, un humo gris se desvanecía en el aire después de haber permanecido estancado en el tiempo, dejando atrás el vacío en el asfalto que, a veces, era habitado por la fauna que salía de su hábitat, en el cual, procuraban sobrevivir, alejados del litigio de antaño e, intentando recuperar lo lícito. Sus verdugos observaban impotentes detrás de vidrios empañados, mientras sus garras de madera y fuego permanecían expuestas junto a alguna sección de antaño.
El cielo era una estampa digna de ser vigilada, para guardar en la memoria de un futuro incierto. Y, cansado, liberó sus ansias por verse sometido a tanta tiranía, cubriendo valles, montañas, ríos y mares plastificados, con su alegre llanto.

Atrás quedaron las calles con su gentío, observar juntos un atardecer en un parque cualquiera, caminar bajo la lluvia, el aroma de la tierra mojada detrás de esta que, daba paso al luminismo más bello, cubriendo el cielo con su arco infinito, tantas veces admirado… una cita bajo las estrellas, un abrazo, un beso…

Una gran telaraña cubría los rostros de quienes anhelabamos sentir al viento que, altivo, mecía a las flores.
Entre las manos de la esperanza estaban puestas millones de vidas que se convirtieron en números,  por las que lucharon sin cesar, incluso olvidándose de las suyas.

Había que seguir apartados del mundo, para que éste se recuperase, dejando atrás los recuerdos, en una vida de reclusión, dentro de burbujas con lunas frías, mientras observábamos nuestro propio reflejo e, intentábamos sobrevivir en medio de tanto dolor, confusión y caos. Todo era como un mal sueño que se volvía a vivir en cada despertar.

Atrás quedó la delgada línea del miedo para mirar con sigilio hacia un nuevo horizonte, extraño, cambiante, donde una parte de la sociedad humana entendió el “cuento de no ficción”, otros, de memoria corta, egocéntricos, narcisistas, de remordimientos inexistentes… se creían invencibles. El agradecimiento se hizo viejo muy pronto. Y, en una fiesta de playa, las olas arrasaron con lo que en su día, alguien escribió sobre la arena, desobedeciendo la voz del mar,que seguía su curso, ya que la naturaleza, nunca nos necesitó, pero nosotroa a ella, sí.

Porque no todos los “cuentos” terminaban con desenlaces felices. Y, si no actuamos con cautela, el antagonista se puede convertir en parte de nuestras vidas para siempre ya, que si nos relájamos ante un avance, podemos encontrar un desnivel al final del camino. Y destruir todo lo conseguido, para tener que volver sobre nuestros pasos.

 

 

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