Emociones

Aunque tú no lo sepas

 

Son las ocho de la mañana y los segundos se hacen eternos, el reloj se ha hecho dueño de mi tiempo, aún no has entrado por la puerta como sueles hacer a diario desde hace años. Te espero con desasosiego, aunque tú no lo sepas. A veces me siento como un niño con su primera ilusión, que cree en la magia y mundos de fantasía para evadir la realidad. Y me subo a una escalera para robarle a un arco iris sus colores y pintar con estos tu nombre en el cielo. Una voz grave y carraspeante me hace volver a la realidad, el bolígrafo se cae de mis manos y rebota dentro de mi taza de café, casi salpica en la camisa de un cliente que me mira algo extrañado mientras me pide la cuenta. Estoy demasiado inquieto, pero tengo que recuperar el control de mi vida y seguir con mi trabajo, aunque sea el jefe del establecimiento…

Me dijeron que ya no estás con él, no sé si será cierto, pero desde hace semanas te veo sola. Tu rostro denota pesadumbre, melancolía… aunque quieras esconderlo, siempre sentada en tu rincón favorito, donde pasas un largo rato disfrutando de una taza de café y leyendo un libro, el cual te transporta hacia lugares lejanos y vidas ajenas. A veces te quedas pensativa mirando por el ventanal, a la vez que observas con tu mirada penetrante a los transeúntes que vienen y van, acelerando el paso. Quizás imaginas retales de sus vidas que anotas en tu bloc de cuero negro para después hilvanarlos…

 

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Un chirrido y un aroma inconfundible hacen que mi corazón se agite. Te reconocería con los ojos cerrados. Te diriges hacia tu rincón… me acerco, me miras sonriendo y me pides “lo de siempre” mientras me preguntas que cómo me encuentro, que te has enterado de la triste noticia y… lo sientes mucho, que la vida es dura y cruel, pero que aquí estás, para echarme una mano en lo que necesite. Te doy las gracias, pero lo único que necesito es verte, tenerte cerca y que no te marches nunca, ya que, aunque tú no lo sepas, puse mis ojos en ti el primer día en que entraste por esa puerta, aún estando él a tu lado. Y ella al mío, pero ya no la amaba, aún necesitándome más que nunca. Sus últimas palabras fueron un te quiero que no pude corresponder, mis sentimientos hacia ella eran ya muy distintos… La acompañé hasta el final del sendero, después regresé, porque todas las noches soñaba contigo, con tanta intensidad, que lograba borrar mi tristeza, mi soledad, mientras te imaginaba a mi lado envuelta en sábanas de seda y abrazaba tu cuerpo ausente, ya que, aunque tú no lo sepas, a veces solo soy un hombre débil, con miedos, inquietudes… 

Llevo tanto tiempo esperando el momento que, quizás el día menos pensado: me atreva. Me acercaré a ti y, te preguntaré amablemente si puedo sentarme a tu lado para tomarme un café contigo. Seré sincero, te lo contaré todo, ya que en el corazón no se manda porque, aunque tú no lo sepas, quizás en un futuro nuestras manos dejen de estar vacías.

 

 

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Categorías:Emociones, Relato

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