Emociones

La carta que nunca te envié

 

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Tengo un cajón lleno de sueños rotos y el subconsciente lleno de recuerdos muertos porque es ahí donde deben permanecer. Un solo espejo en la casa, al cual me enfrento cada día para ver la realidad y que me recuerda que soy un poco más mayor. Mi piel se está marchitando con el paso de los años, las arrugas comenzaron a marcar mi cara, mi cabello se está volviendo blanco y mi corazón se ha quedado allí, en el lugar donde mueren las esperanzas y de donde jamás regresan.
No hay fotografías por ninguna parte, ya que hace tiempo las guardé todas junto a mis sueños. A veces brota alguna lágrima de mis ojos porque nada es como antes y la nostalgia se sienta a mi lado sin pedirme permiso, porque, a pesar de lo que piensa todo el mundo, no soy tan fuerte como ellos creen.
Hoy abrí el cajón donde guardo mis sueños rotos, cerré los ojos, retrocedí en el tiempo y volví a recordar el día en que te dejé entrar en mi vida. Te quise sin darme cuenta de que algún día me iba a doler tanto, después, encontré una carta que te escribí  y que jamás te envié, al lado de esta, una fotografía tuya donde pareces estar mirándome. La cogí y la apreté contra mi pecho mientras derramaba lágrimas de desconsuelo, siempre fuiste alguien muy especial en mi vida, pero vivía con miedo a perderte, hasta que sucedió. Dicen que el amor supera todos los obstáculos pero no es verdad, la vida no siempre da segundas oportunidades, aunque siempre le agradecí que te pusiera en mi camino, porque eso me hizo más fuerte. Siempre me pregunté si fui tu prioridad o solo una opción, pero hoy ya no me importa, ahora quien importa soy yo, y tengo que encontrarme, fuiste tú quien jugó a perderme y como buen jugador, lo conseguiste, porque el amor se demuestra con hechos y no con palabras, como cuando estaba a tu lado, no cuando intentaste recuperarme después de haberme herido tanto.
Recogí los pedazos de mi corazón roto, los uní y lo coloqué de nuevo en mi pecho, después abrí la carta con mis manos temblorosas y me puse a leer los mil te quiero que nunca te dije y que quedaron plasmados en aquella hoja de papel. Me pregunté que sería de ti después de tanto tiempo, y si pensarías alguna vez en mí, pero ya era hora de decirte adiós y de deshacerme de tanto dolor, porque lo que no puede ser nunca pasará, y me debo la calma y el perdón. Así que me bajé del tren, ya estaba cansada de tan largo viaje. Llené una copa de vino, brinde por ti, brindé por mí, te deseé lo mejor, y después me dirigí hacia la chimenea, y allí se quemaron todos los te quiero que nunca te dije y que estaban escritos en aquella carta que nunca te envié.

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32-x-32-logo-jpg Imágenes de Google

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