Emociones

La envidia

Ignacio estaba casi todo el día pendiente de lo que hacía su vecino de enfrente, Ramón. No soportaba que éste tuviese un coche más nuevo que él, una mujer bonita y un trabajo, del cual, nunca le despedían, pues él no tenía esa misma suerte, su mujer lo dejó por otro dos años atrás, su coche era más viejo y le despidieron del trabajo recientemente, pero como aún tenía algunos ahorros, pensó que se tomaría con calma lo de buscar trabajo, pues aún estaba asimilando su mala suerte. Su único compañero era su perro Bruno, un bulldog  francés blanco y negro, que estaba muy obeso, pues apenas lo sacaba a pasear.
Cada vez que Ignacio se cruzaba con Ramón, lo saludaba con una sonrisa de oreja a oreja, incluso se paraba a hablar con él y le decía que su coche era muy bonito, pero que él, pronto se compraría otro modelo más caro. Ramón sonreía y le decía que se alegraba mucho y que lo disfrutase. Cuando Ramón se alejaba, Ignacio dejaba de sonreír, la expresión de su rostro cambiaba y se iba enfadado para su casa.

Como cada mañana, Ignacio se levantó temprano a mirar por la ventana para ver salir a su vecino para el trabajo, casi todas las mañanas su mujer se iba con él, pero ese día no. Desde que Ramón llegó a la vecindad un año antes, Ignacio nunca le había preguntado cuál era su profesión, pero por la manera en la que iba vestido, con traje y corbata, seguramente era un ejecutivo muy importante…
La mujer de Ramón le dio un beso y le dijo que no se entretuviera, que por la noche irían a cenar fuera con unos amigos. Ignacio frunció el ceño como siempre. Él pasaría la noche del viernes solo y aburrido comiendo pizza de jamón con queso, bebiendo cerveza y metido en algún chat detrás de alguna jovencita hasta altas horas de la madrugada, pero antes, tenía otro plan.

Ramón había dejado el coche fuera de la cochera para salir en un rato. Ignacio estaba escondido detrás de unos árboles, se acercó sigilosamente y con un objeto punzante pinchó las cuatro ruedas del coche, aunque él, terminó herido y se fue corriendo para su casa, donde se desinfectó la herida y se la envolvió con una venda. Ignacio se quejaba de su mala suerte, pues todo le pasaba a él, ahora tenía la mano derecha herida y le dolía mucho, pero ni el dolor pudo con su curiosidad. Se asomó a la ventana para disfrutar viendo como su vecino y su esposa no podrían salir en su coche nuevo, y se tendrían que quedar en casa comiendo alguna pizza, igual que él.
Ramón le dijo a su mujer que cogerían un taxi, pues aún estaban a tiempo, y por la mañana pondría una denuncia… A Ignacio se le quitó el apetito y se metió en la cama, pues no tenía ganas de nada. Pasadas unas horas pudo oír llegar a sus vecinos, se levantó corriendo y se asomó a la ventana con las luces apagadas, después se calentó la pizza en el microondas y se la comió con cara de disgusto, acostándose poco después, pues nada le salía bien, solo a los demás le ocurrían cosas buenas —pensó.

Al día siguiente, Ignacio, salió a pasear con su perro. Su vecino Ramón salía de casa y le preguntó si la noche anterior vio a alguien rondando por su casa, pues le habían pinchado las ruedas del coche. Ignacio le contestó que no había estado en casa, que había quedado con una chica a eso de las ocho, y regresó a altas horas de la madrugada, pero que si veía algo se lo diría, pues lo mismo fue alguien que lo odiaba y podría volver a repetirse… Ramón le preguntó que por qué tenía una mano vendada, Ignacio le respondió que se había cortado cocinando… Ramón le dio un par de palmadas en la espalda a Ignacio y le dijo que se cuidase la herida, después se fue en un taxi. Ignacio siguió caminando con su perro Bruno, aunque se cansaron pronto y volvieron a casa.

Ignacio estaba desesperado, ya que hacía días que no veía a su vecino Ramón ni a su esposa, se aburría. Y no le interesaba espiar a los vecinos de al lado, pues estos apenas salían de casa, ya que al igual que él, no trabajaban desde hacía un tiempo, además, él consideraba a Ramón como un amigo, pues no tenía muchos, pero seguían pasando los días y seguía sin ver a Ramón, hasta que un día vio a su mujer y le preguntó por él. Esta le contó con lágrimas en los ojos, que Ramón llevaba unos años con una enfermedad terminal, y que por eso pasaba los días enteros en el hospital, aunque él siempre estaba alegre y luchó hasta el final, pero ya la medicación no le hacía nada, y después de estar días encamado, falleció. Ignacio le dio el pésame a la mujer de Ramón y se fue para su casa con lágrimas en los ojos. Y por primera vez en su vida, pudo comprender lo afortunado que era, porque él poseía algo que a Ramón le faltó, y era la salud para seguir adelante, algo que no tenía precio.

La envidia silenciosa crece en silencio

                                                                       (Nietzsche)

salud-emocional-261-1

La envidia es, simplemente el hecho de que una persona quiera ser más que nadie, cuando quiere poseer algo que es de otra persona y se piensa que es injusto que esa persona lo tenga, ya que la persona envidiosa se cree que merece más que nadie. Siente que no es valorada ni aceptada por los demás de forma positiva, y suelen envidiar todo lo bueno que le sucede a las personas que puedan tener influencia, éxitos…

Se puede envidiar cualquier cosa: una cualidad personal, una situación familiar, laboral… El envidioso puede llegar a sufrir mucho, ya que no es consciente de sus propios logros, virtudes personales pues tienen un gran complejo de inferioridad y siempre criticará de alguna manera tus éxitos, tu conducta, tus pertenencias… 

En muchas ocasiones la persona que siente envidia, también puede sentir celos. La diferencia entre los celos y la envidia, es que los celos es el miedo a perder algo que ya se tiene y la envidia cuando se trata de algo que no se tiene. La envidia es un sentimiento destructivo que puede acarrear malestar emocional, agresividad, la negación, problemas para sociabilizar. La psicología afirma que la envidia es un sentimiento que se niega ante terceros, como ante uno mismo. Y que en la medida que podamos comprender a los demás, en esa misma medida, nos podemos comprender a nosotros mismos.

Una persona que te envidia jamás podrá ser tu amigo, un buen amigo sentirá admiración por ti si te va bien, si eres exitoso. Un amigo envidioso menospreciará todos tus logros: es mejor alejarse de éste tipo de personas tóxicas.

32-x-32-logo-jpg Todos los derechos reservados

Foto de Google

Anuncios

Categorías:Emociones

Tagged as:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s